Gaia y sus significados: de la mitología a la ciencia

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En estos veinte años no han sido pocas las veces que nos han preguntado por qué nuestro nombre es La Taberna de Gaia. La primera parte está clara, taberna, porque es lo que somos, una taberna medieval; y la segunda también, pero lleva más tiempo de explicar ya que Gaia es un nombre propio con mucha historia, que ha perdurado a lo largo de los siglos y adquirido nuevos y diversos significados.

Gaia y su significado (o significados)

En resumen, normalmente si hablamos de Gaia, podemos estar refiriéndonos a dos cosas: bien la diosa griega de la tierra, o bien la hipótesis científica de mismo nombre. Veamos ambas con más detalle.

Gaia como Diosa

Tenemos constancia que ya los pobladores del neolítico primero, y después los del paleolítico, desde Oriente Próximo hasta Anatolia y más allá de Malta, tuvieron deidades dedicadas a la tierra. Y también los de la antigua Grecia, en cuya mitología se conocía por el nombre de Gaia (o Gea en latín) a una de las diosas más importantes del Olimpo: Gaia, literalmente «Tierra» en griego antiguo, una de sus diosas primordiales y en la que personificaban nuestro planeta.

Según los mitógrafos griegos de la época, Gaia nace tras el Caos, lo que a su vez consideraban como el estado primigenio del universo, antes de los dioses y las fuerzas elementales. Es decir, que se trata de la primera deidad, de la que surgen todas las demás.

Concretamente la primera que creó fue su compañero Urano, un titán que personifica el cielo, y aquí empieza el drama (ya sabéis que la mitología de los antiguos griegos es bastante brutal).

Gaia Diosa
Representación de la madre tierra Gea entregando a Erictonio a Atenea
Vía Wikipedia

El caso es que Gaia y Urano tuvieron unos cuantos hijos, entre los que hubo Cíclopes, Musas o Hecatónquiros (gigantes con 100 brazos y 50 caras), hasta que el titán se volvió malévolo y encerró en el Tártaro a cíclopes y hecatónquiros. Eso enfureció y causó mucho dolor a Gaia, quien creó una hoz de sílex y reunió a sus hijos titanes para vengarse.

Así Crono, el menor, cogió la hoz y castró a su padre cuando este se disponía a yacer con su madre, tirando al mar sus testículos, que generaron espuma de la que salió la famosa Afrodita.

Tras este episodio, cuentan los mitógrafos que Gaia tuvo bastante más hijos con diferentes deidades, varias con Fanes y Éter, y otros cuantos de padre desconocido.

En resumen, a nivel mitológico, hoy la mayoría se refiere a Gaia como la importante diosa Griega de la tierra, la madre primitiva, asociada a la fecundidad, la feminidad y la crianza. Tanto era así que según algunas fuentes el popular Oráculo de Delfos le perteneció a ella originalmente, y en la cultura de la Grecia antigua los juramentos en nombre de Gaia se consideraban de los más importantes.

Hoy diversas religiones paganas la siguen venerando, y también continúa presente en la cultura popular; por ejemplo el conocido grupo de rock Mago de Oz tituló uno de sus discos como Gaia.

La Teoría de Gaia

Así que el término Gaia ha estado presente desde hace cientos de años, siendo usado en muchos ámbitos; el de la hostelería, como es nuestro caso, y también en la ciencia, con las varias obras donde el científico James Lovelock ha ido desarrollando y profundizando en la que bautizó como Hipótesis Gaia (bueno, realmente el nombre se lo sugirió su amigo William Golding, novelista y poeta británico, autor de la popular obra «El Señor de las Moscas»).

¿Y qué es exactamente la Teoría de Gaia? Sintetizando mucho, se trata de la hipótesis a través de la que el autor sostiene que la Tierra en su conjunto, incluidos los seres vivos que la habitan, los océanos, las rocas y casi lo que se te ocurra, funcionan como un sistema único; una especie de mega-organismo vivo que se auto-regula y modifica para asegurar su supervivencia.

Una hipótesis bonita, limpia… pero también compleja y complicada de probar, que lleva creando mucha controversia desde su formulación, con grandes defensores de la misma (digamos «la gente») y fuertes detractores (digamos «la comunidad científica»).

Profundizando en la Hipótesis Gaia

Antes de entrar en polémicas, hay que comprender un poco mejor lo que Lovelock plantea (no es fácil, lo haremos lo más entendible que nos sea posible).

Químico de profesión, y muchas otras cosas, Lovelock empieza a jugar con la idea de la Tierra como una especie de ser vivo a principios de la década de los 60, cuando se encontraba colaborando con la NASA en la detección de vida en Marte. Es ahí cuando, durante la fijación de criterios a seguir para detectar vida, queda muy sorprendido con las grandes diferencias de composiciones y demás entre la Tierra y Marte, y se le enciende la bombilla: no es sólo que nuestro planeta esté lleno de vida, en cierta forma ES la vida, y por lo tanto un organismo.

En los sucesivos años sigue profundizando y reafirmándose en la idea, y se une a él en el desarrollo la microbióloga Lynn Margulis, quien ya se había hecho un nombre dentro de la comunidad científica con sus trabajos sobre la simbiosis entre células complejas (vamos, un pensamiento muy en la línea de la hipótesis gaia).

Empiezan a publicar diferentes artículos en los que van desplegando sus argumentaciones. Por ejemplo, una de las más conocidas: en los últimos 4.500 millones de años de vida en la Tierra el calor proyectado por el Sol sobre ella ha aumentado considerablemente, sin embargo la temperatura se ha mantenido estable, justo en los rangos idóneos para el desarrollo de la vida. ¿Por qué? Según nuestros científicos, esa regulación de temperatura interna constante de la Tierra es el resultado de la biosfera del planeta modificando los gases del mismo, justamente para moderar y estabilizar los efectos del calor del Sol.

Siguieron desplegando argumentos basados en la observación. Otro de los más conocidos, que los océanos también han mantenido su salinidad constante, ¿cómo?. Hoy sabemos que durante mucho tiempo la salinidad de los océanos ha estado siempre alrededor del 3,4%, según parece gracias a un proceso circular muy curioso: los ríos disuelven la sal de las rocas y la trasladan al océanos, pero gran parte de esa salinidad se vuelve a eliminar cuando el agua se filtra por las grietas del fondo oceánico, manteniéndose la salinidad justo en los niveles idóneos para el desarrollo de la mayoría de la vida.

Muy interesante, y potencialmente polémico. Aunque curiosamente al principio todos los papers que van publicando pasan bastante desapercibidos, y finalmente Margulis continúa su carrera por otros derroteros (aunque nunca renegó de la Hipótesis Gaia). Pero entonces, en 1979, Lovelock sintetiza todas sus ideas en la obra «Gaia: A New Look at Life on Earth», la publica… y se lía la de Dios.

Teoría de Gaia: réplicas, apoyos y conflictos

Rápidamente se forman dos grandes grupos. En un equipo, la comunidad científica rechaza las ideas de Lovelock, y algunos de sus tótems directamente las crucifican y llegan a ridiculizar tanto al bioquímico como a Margulis. En el otro, al público en general le atrae la obra, y determinados grupos y movimientos la usan para afianzar sus causas (ecologistas, ecofeministas… y aquí ojo, porque también ha habido determinados gurús esotérico-mágicos que han retorcido hasta el extremo la hipótesis en su propio beneficio).

Tanto una cosa como la otra tiene sentido.

Por un lado, la teoría rompe con varios paradigmas científicos, por ejemplo el darwiniano, muy asentado, que ha desplegado varias réplicas. Principalmente sostienen que la vida/su mantenimiento, es producto directo de la selección natural, el resultado de la competencia entre individuos por el éxito reproductivo, y que la evolución no tiene por objetivo «hacer un lugar mejor para la vida» (da lugar a subproductos, o a beneficios directos para los propios individuos de su grupo, punto).

La otra gran corriente crítica contra las hipótesis se sustenta en un clásico en ciencia, la tachan de poco precisa. Dicen que realmente son cuatro teorías unidas, algunas bien conocidas y aceptadas, como la evolución concertada, y otras imposibles de comprobar, como Gaia Optimizada (que claro, es la piedra angular de la teoría: la propia Gaia moldeó el planeta para generar las condiciones óptimas para la vida en conjunto).

¿Por qué esa respuesta tan airada? Al final Lovelock, seguramente sin quererlo, estaba poniendo en duda con su hipótesis el sistema filosófico sobre el que pivota la ciencia desde el siglo XVI, el de Descartes y Galileo, donde las cosas no tienen necesariamente una «razón última» superior, todo es materia en movimiento y para el resto, evolución. Por el contrario la Teoría de Gaia va en la línea de la teología de Platón y Aristóteles; en ella todo apunta a que sí hay una razón última, el mantenimiento de la vida en la Tierra en el caso que nos ocupa. Dicho de otra forma, la vida y sus individuos no estarían buscando exclusivamente su éxito reproductivo, también el «bien mayor» de todo el planeta. NOTA: aquí ojo, no quiere decir que estos procesos se produzcan de manera autoconsciente; ni Lovelock ni Margulis plantearon nunca una especie de conciencia planetaria.

Por el otro, respecto al fuerte interés y apoyo generado entre el público en general, era de esperar: como decíamos, la teoría se alinea con el pensamiento aristotélico, muy vivo aún hoy, renegando quienes lo profesan más o menos fuerte de esa visión, digamos, totalmente cientifista y fría de las cosas y creyendo que efectivamente sí hay un propósito último (en el contexto que estamos tratando, no referido al clásico cristiano de la salvación eterna sino a la Tierra como un todo en armonía en busca del bien y perdurabilidad del conjunto).

Para rematar, la Hipótesis Gaia también le vino como anillo al dedo y justo en el momento preciso a todos los movimientos de protección del planeta surgidos con fuerza durante los 60-70. Encontraron en el trabajo de Lovelock un soporte científico a lo que ya creían y predicaban: que la Tierra es un ser vivo, en complejo equilibrio, que todos debemos cuidar.

Hipótesis Gaia hoy

Cuando se publicó, no fueron pocos los que aseguraron que la teoría se convertiría en un arma peligrosa, un recurso contra la lógica y el método científico. Se equivocaron.

Ciertamente la teoría nunca ha sido aceptada como ciencia por la comunidad, porque las revisiones sistemáticas de evidencia muestran que no se sostiene (aunque sí acertaron en varios de los asuntos planteados), pero paradójicamente en todos estos años ha impulsado más ciencia que pensamiento mágico (que también, y del que tampoco creemos que haya que renegar por sistema).

No sólo se han realizado diferentes conferencias a lo largo y ancho del mundo centradas en discutir todos los aspectos de la hipótesis, muchos muy importantes en el contexto de cambio climático en el que estamos, también ha influido en la puesta en marcha de estudios muy interesantes y valiosos para diversas áreas de la ciencia; por ejemplo los del español Ricardo Amils de la UAM/CSIC o los del profesor Carlos de Castro Carranza de la Universidad de Valladolid (por barrer para casa).

Es más, es bastante innegable que los trabajos de Lovelock también son culpables en gran medida de que la cultura científica se haya, digamos, «relajado un poco» en su persecución sistemática contra todo aquello que no fuera pura razón, a abrir la mente y prestarse al debate serio con otros ámbitos (queda mucho por hacer, y determinados movimientos de puro garrulismo, como los antivacunas, no ayudan nada, pero poco a poco).

Así que, nuestro reconocimiento desde aquí a Lynn Margulis y James Lovelock, una especie de Da Vinci contemporáneo (muy recomendable leer sobre él, ha hecho de todo y con aportes muy importantes más allá de la Hipótesis Gaia), porque ante presiones brutales de todas partes, siguieron adelante con un trabajo ambicioso y que finalmente ha dado muchas cosas buenas a la cultura en los últimos años.

Tanto es así que Lovelock, en 2006, fue galardonado con la prestigiosa Medalla Wollaston, el premio más importante otorgado por la Sociedad Geológica de Londres, y hoy la mayoría de la comunidad científica reconocen la Hipótesis Gaia como un trabajo que vale la pena apreciar, aunque no sea ciencia pura.

Algunas de las obras y trabajos consultados:

  • The Ages of Gaia: A Biography of Our Living Earth (James Lovelock)
  • Gaia: A New Look at Life on Earth (James Lovelock)
  • Aeon
  • Nature
  • The gods of the Greeks (Károly Kerényi)

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